El otro día estuve haciendo pruebas para ver cuáles eran los resultados de los distintos tipos de merengue, que básicamente son tres:
El francés, el más sencillo, se elabora simplemente batiendo las claras con el azúcar a punto de nieve, tiene poca consistencia y como se hace en crudo hay que consumirlo rápido.
El suizo, más consistente que el anterior, se consigue batiendo las claras con el azúcar en un recipiente al baño maría, sin sobrepasar los 60 º de temperatura para que las claras no cuajen. Sirve para rellenos.
Y por último, el merengue italiano, o merengue cocido, que es el que nos ocupa hoy.













