jueves, 10 de diciembre de 2015

Polvorones






Ya no falta nada para Navidad y es tiempo de adelantar la preparación de todos aquellos dulces que pueden aguantar unos días sin que su calidad se vea mermada, tal es el caso de los polvorones. 

A mí no me gustan demasiado, bueno, debo decir que no me gustaban demasiado, porque cuando probé los que os traigo hoy cambié de opinión y hasta repetí varias veces. 
Como tengo por costumbre, busqué varias recetas y finalmente elegí la que me pareció más adecuada. Y podéis creerme, no me equivoqué. Están buenísimos. Nada que ver con los que compraba otros años. Yo ya tengo muy claro que no vuelvo a comprar polvorones mientras pueda hacerlos.

La receta está copiada del blog "Recetas de Mamá", sólo que yo reduje las cantidades a la mitad, por si acaso no me quedaban bien, luego me arrepentí porque me quedaron escasos, pero no es problema, volveré a hacerlos porque, además de disfrutarlos en familia, son un bonito regalo en estas fechas, con la importancia que tiene lo hecho en casa con todo el cariño.

Se que algunas estáis esperando esta publicación para hacerlos. A los demás, os animo también a que lo intentéis. Ya veréis, ya.


Muchas me habéis preguntado donde compro los envoltorios, bien, pues los he pedido por internet a la tienda del blog de María Lunarillos, donde hay de todo para repostería, y que sirve los pedidos de forma rápida e impecable (que conste que no me pagan por publicidad eh?). También podéis utilizar papel de seda de venta en cualquier papelería y os quedarán estupendos.


Ingredientes (para unos 30 polvorones):

-          ½ Kg de harina de trigo normal
-          250 gr de manteca de cerdo ibérico (a temperatura ambiente)
-          250 gr de azúcar glass
-          125 gr de almendra entera o molida
-          1 cucharadita de canela
-          Un poco más de azúcar glass para decorar

Preparación:

Lo primero es tostar la harina. Para ello ponemos en la bandeja del horno el medio kg de harina, bien estiradita y la horneamos a 150º una media hora, para que pierda toda la humedad, removiéndola con una cuchara de madera cada diez minutos más o menos.



Cambiará un poco de color y notaréis el olor característico que desprende cuando ya esté lista. Quedará como un polvillo fino y muy seco.

Se deja enfriar y cuando esté ya fría se tamiza.

Mientras enfría la harina, si habéis comprado almendra entera (siempre es mejor), la moleréis con el robot o con un molinillo de café. Yo utilicé una bolsita de almendra molida que tenía en casa.

Tostaremos también la almendra siguiendo el mismo procedimiento pero ésta solamente unos 15 minutos. Así conservará mejor todo su sabor.



Tamizamos el azúcar glass y lo ponemos en un bol con la manteca de cerdo y batimos bien la mezcla hasta que quede una pasta homogénea. Si tenéis un robot que lo haga, os ahorraréis tiempo.




Luego, sin dejar de batir,  añadimos a la mezcla la almendra molida, la canela y la harina.




Enseguida veréis que se forma una pasta de muy fácil manejo y que no se pega a las manos.




Hacéis una bola con ella y la metéis entre dos planchas de film transparente y con el rodillo la estiráis en todas direcciones dejándola del grosor de un dedo más o menos.




Formáis los polvorones con un cortapastas o con el borde de un vaso pequeño. Los retales que os sobran los volvéis a amasar y hacéis otros nuevos así hasta agotar toda la masa.



Horneáis a 200º unos 15 minutos.



Dejadlos atemperar en la misma bandeja del horno y cuando estén casi fríos los espolvoreáis con azúcar glass. 




MUY IMPORTANTE: Debéis dejarlos en la misma bandeja del horno hasta que enfríen del todo para poder manipularlos, si queréis envolverlos o meterlos en alguna cajita, pues son muy delicados y se desmoronan enseguida. 























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