Vaya veranito de vacaciones blogueras que me estoy pasando... Tengo un montón de nuevas recetas pero pasan los días y por falta de tiempo no publico nada.
La de hoy es una tarta para tomar bien fresca, cuanto más fría más rica está.
Otro producto de la huerta que ha dado un salto de la cocina a la repostería y que esta temporada está en su mejor momento: el calabacín.
La receta original es del blog "Cuuking!", la ví, me gustó y me pareció muy fácil así que quise probar a hacerla.
El calabacín se puede rallar con o sin piel. El rallador, el normal de rallar las zanahorias. Yo lo hice de las dos formas y creo que me quedo con la primera, además le da un color bonito al bizcocho.
Estoy muy vaga últimamente, más que vaga es que el verano para mí es tiempo de disfrutar de la playita, el sol y el mar y le dedico poco tiempo al blog. Eso no quiere decir que no siga haciendo mis postres pero el verano es tan corto que hay que aprovechar el buen tiempo.
También es momento de preparar conservas para el invierno porque ahora nos sobra todo pero luego, cuando llega el frío y no es la época, bien que sienta tener la despensa provista de mermeladas y frutas en almíbar, como estos melocotones que os traigo hoy.
Con las yemas que me sobraron del postre anterior, el helado Comtessa, preparé estas yemas de Santa Teresa, postre típico de Ávila, originario al parecer de la cocina andalusí, cuya receta se remonta al siglo XIX y que hoy en día es archiconocido, representando un souvenir típico de esa ciudad y que incluso se importa a Estados Unidos, con sólo tres ingredientes: agua, azúcar y yemas de huevo, requetefácil de preparar y muy rico. Eso sí, para tomar con mesura.
Voy a poner esta receta, antes que otras que tenía en mente, para dedicársela a mi prima Marisa, fiel seguidora de este blog, quien me dijo el otro día que tenía ganas de probar a hacerlo, así que ya sabes prima querida, va por tí.
Todos conocemos el helado de Comtessa, esas placas de chocolate con el relleno de nata ¿verdad? pues os aseguro que es facilísimo y queda de rico mmmmm!!!!
Seguimos con los melocotones, que ya se acaba la temporada de los de la huerta.
Estos vasitos no tienen ninguna complicación, tanto es así que me puse a ello y ni siquiera tomé fotos del paso a paso, porque cuando me quise dar cuenta ya los tenía terminados.
Este tipo de preparaciones podéis hacerlas con la fruta base y luego ir añadiéndole aquello que se os ocurra o que tengáis por casa, sólo hay que tener en cuenta que para que queden un poco consistentes deben llevar algo que ayude, sea gelatina, queso crema,etc.
Tiempo de melocotones para disfrutar del sabor de esa riquísima fruta fresca, originaria de China, que nos aporta vitaminas B1, B2 y B6, minerales, fibra y betacaroteno, entre otros beneficios.
Pero es una fruta delicada, en cuanto madura un poco y se pueden coger del árbol para comer, poco tiempo aguanta sin pasarse, sobre todo si están a temperatura ambiente en las casas, que con estos calores están bastante caldeadas.
Ya creíais que se me había ido la pasión por la repostería ¿no? pues no, eso no, sólo he puesto un poco el freno porque hay que hacer algo de dieta, de lo contrario a ver quién se pone el bikini este verano, y por otra parte, he repetido postres, así que no había nada nuevo que traer aquí, ya sabéis que soy repostera de fin de semana básicamente.
El otro día quise hacer un postre rápido y no muy calórico y los vasitos siempre son una buena opción.
Cuando ví esta tarta en la web de María Lunarillos, de la que ya os he hablado en otras ocasiones, me dije que tenía que probar a hacerla sí o sí. Y como el pasado fin de semana tenía más tiempo que otras veces, no lo dudé y me puse a ello.
Esta tarta tiene su base en los pasteles de Belem o natas, de hecho, estuve preparándolas el domingo pasado y se me ocurrió que, con lo ricas que son, podía hacer algo parecido pero dándole la forma de una tartita no muy grande. Tenía todos los ingredientes en casa así que me puse manos a la obra.
Pasada la vorágine de roscas, roscones, torrijas, buñuelos y demás dulces típicos de la Semana Santa toca ser buenos y pasar ipso facto a la dieta otra vez ¿no?
Pues va a ser que no. Hoy, cuando llegué a casa después del trabajo, me apetecía muchisísimo un trocito de bizcocho con un café para merendar. Yo eso de las cinco comidas lo llevo a rajatabla y hoy, como no tenía clase, disponía de mucho más tiempo, así que se me ocurrió hacer un mug cake o "bizcocho en taza", así no me sobraría nada (y por tanto no me volvería a tentar) y sería suficiente para quitarme el gusanillo.
Hay infinidad de recetas de manzana y todas riquísimas. Tengo muchas en mi carpeta de "recetas interesantes que haré algún día" pero cuando me tropecé con ésta me atrajo enseguida porque siempre me gusta probar los dulces y repostería de otros países.
Esta tarta o pastel se llama Milópita y la encontré en el blog "En Guete!" de Kako, un blog al que volveré porque tiene recetas de varios países y me pareció muy original. La receta la he variado un poco.
Hace nada publiqué el chocoflan que podéis ver aquí y hoy traigo un bizcoflan, esta vez sin chocolate (fuente: TusRecetas.net). La técnica es más o menos la misma. Se prepara enseguida y luego ha de hornearse y a la nevera hasta la hora de tomarlo.
Para esos días de prisa en que queremos preparar un postre sabroso y no disponemos de mucho tiempo, ésta es una receta ideal.
A veces estoy haciendo un asado o cociendo pan en el horno y lo tengo ocupado lo que no me permite hacer ningún postre que deba ser horneado, así que si alguna vez os pasa eso o simplemente no os apetece encenderlo, esta tarta es perfecta.
La charlotte o carlota es un postre frío, de origen francés, consistente en forrar un molde alto con bizcochos y rellenar el interior con una crema pastelera o una mousse con o sin frutas. Hay muchas variantes de esta receta.
También se puede hacer por capas poniendo una placa de bizcocho en la base, luego la crema o la mousse, otra capa de bizcocho y así sucesivamente hasta acabar siempre con crema o con mousse. Yo le puse bizcochos de soletilla y solamente una capa.
El chocoflan, también llamado "pastel imposible", es un postre típico de la repostería mexicana. Se le llama así porque tiene una particularidad muy graciosa y es que, durante el proceso de horneado, el bizcocho y el flan invierten su colocación sin que sus ingredientes lleguen a mezclarse y lo que al principio estaba en la parte inferior pasa a la superior y viceversa.